¡Juguemos al aire libre, los beneficios para tu peque y para vos!

Es muy común que por el ritmo de vida las familias dejan la opción del juego al aire libre como una de menor prioridad. Aquí organizarse es la cuestión, en esta nota te vamos a contar por qué es importante el juego en espacios abiertos y por qué como adultos debemos promoverlo.

Habrás escuchado mil veces que ensuciarse hace bien, obviamente si estás en la etapa de la niñez, tampoco vamos a andar por la vida jugando en el lodo como Peppa Pig. La cuestión es que no siempre el día a día incorpora la vida al aire libre y la dejamos solo para el período de vacaciones; es como si nos programáramos a disfrutar solo en ese momento.

Los profesionales de la Asociación Internacional por del derecho del niño a jugar, IPA (por sus siglas en inglés: Internacional Play Association), observan con cierta alarma la disminución de la actividad lúdica y llaman a padres y docentes a ser los facilitadores del juego donde la suciedad y el desorden van a estar inevitablemente presentes.

¿Y qué es jugar?

La primera definición de la RAE para juego dice que es “hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades”. Jugar es la puerta de entrada para el aprendizaje. Para IPA, “jugar es una forma de aprender a vivir, no un mero pasatiempo”.

Las ciencias que estudian el comportamiento humano coinciden en que la curiosidad del niño necesita de un otro que acompañe, estimule, desafíe y promueva. Nuestro aporte como padres primero se da desde el ejemplo y luego desde nuestro rol como facilitadores para el desarrollo sano de nuestros hijos.

Resistencia

Hay algunos motivos por los cuales los adultos suelen no fomentar el juego al aire libre y podemos resumirlos en creencias erróneas, miedos y disminución de interés del adulto por socializar.


Existe el rechazo a exponer a los chicos a microbios y por ello se evita el contacto con el suelo, la tierra y hasta con los animales. En relación con ello el Dr. John Richer, referente mundial en temas de comportamiento infantil, asegura que "los chicos que viven en contextos rurales son menos proclives a padecer alergia y asma, el contacto con ambientes medianamente sucios ayuda a que el sistema inmunológico se desarrolle antes y mejor".

Si obviamos las salidas al aire libre se está demorando el contacto con el entorno que le brinda la oportunidad de conocer y construir su mirada del mundo. En la primera infancia los chicos tocan, prueban, exploran y experimentan, básicamente porque están descubriendo un mundo desconocido. Para entenderlos deberíamos poder situarnos en esa etapa de nuestra vida y recordar todo lo que hoy nos es dado y que en aquel momento queríamos conocer.

Por otro lado, hay otro miedo muy común en adultos que temen que los chicos se lastimen. Tomando esa postura básicamente están evitando que ellos mismos experimenten sus límites junto a otros niños que están haciendo lo mismo: explorando el mundo que los rodea. El tan excesivamente usado “no” de los padres muchas veces subestima el interés y capacidad de ese niño que simplemente quieren aprender a hacer algo nuevo o conocer aquello que le es ajeno.

¿Y qué pasa con la fiaca para salir a la plaza? ¿De quién es la fiaca? Probá decirle a tus hijos vamos a plaza, seguramente la respuesta será un sí eufórico y sin dudas. Compartir espacios públicos nos pone frente a la situación de socializar y compartir. El reconocido neurólogo y neurocientífico, Facundo Manes invita a propiciar el contacto social en pos de construir una sociedad mejor. Para Manes ”en las interacciones personales se libera una cascada de mensajeros químicos -neurotransmisores– que refuerzan, así como las vacunas, nuestro sistema inmunológico”.

Manes agrega entre otros conceptos que “el desarrollo del cerebro depende no sólo de la nutrición adecuada sino también de las experiencias, oportunidades y estímulos a los que esté expuesto”. En la plaza los chicos conocen a otros, exploran el espacio, comparten, esperan su turno y disfrutan.

Generar un lugar en la agenda para destinarlo a la vida al aire libre es cuestión de organización. Seguramente tenemos alguna plaza o parque cerca para estimular a nuestros hijos a convertirse en aprendices permanentes que busquen nuevas experiencias y pongan a rodar su curiosidad. Un adulto curioso seguramente fue un niño curioso, dejemos sembrada la semilla del deseo por aprender.